Le pedí a mamá si podía quedarme con Ingrid. Pues me apetecía pintar con ella y hacer "Katsugen Undo" por la noche.
-Candela, hija. Tu tía no creo que tenga ganas de otra cosa que no sea descansar.
-Mamá. Por eso se le ha caído el pelo? Por estar muy cansada?.
La expresión en la cara de mamá se vitrificó y la traducción que en ella se podía leer era la de un fino y sonoro hálito de aire que surgía de su nariz como vapor condensado.
Me recordaba a los dibujos animados. Cuando por ejemplo Tom o Jerry están muy enfadados y les salía humo por los bigotes.
Pero mamá no estaba enfadada. Estaba a punto de reventar si se contenía un poco más.
-Tía Ingrid no tiene pelo? Estás segura? Quizás lo tenga muy escondido debajo del pañuelo, Candela.
Candela miró a su madre con el ceño fruncido y en actitud momentáneamente dubitativa.
-Creo que no mamá. Creo que Ingrid no tiene pelo. Y pienso que es porque está cansada.
Quizás si yo le llevo el caballete este fin de semana y juego con ella se sienta mejor.
Quim miró a su hija con benévola condescendiencia y le acarició el flequillo colocándoselo a un lado.
-Mira Candela. Yo creo que es una buena idea pero quizás tía Ingrid quiera estar sola unos días después de su viaje y cuando esté algo más recuperada podrás venir a estar con ella.
Candela se quedó pensativa. Intentaba dar en el sumario de su infantil memoria con el día que más cansada había estado. Algo había que no le acababa de encajar en toda aquella historia.
En el fondo sabía que algo no iba bien pero no sabía como llegar a entender la magnitud del asunto. Cómo cuantificar el malestar por no decir el estado de salud de su tía preferida.
Tenía miedo pero no sabía como preguntárselo a su madre.
-Está bien mamá. Le diré a Ingrid que vendré a verla otro día.
-Bien, Candela. Despídete de ella y llama a Lucas. Mientras tu padre y yo terminaremos de colocar la compra a tía Ingrid.
Candela asintió y salió corriendo por el patio en busca de su tía.
-Ingrid! Iiiiiiiiiingrid!!!
-Candela, estoy en el tercer piso.-dijo tía Ingrid asomándose por la ventana más alta del edificio.
-Puedo subir?.-preguntó Candela desde abajo.
-Sube y cuando estés arriba pica.
Candela entró como un rayo por el segundo piso a través de las escaleras exteriores que daban al jardín. Salió de él y subió poco a poco hasta el tercer piso. Su tía habitaba en el segundo nivel y las escaleras hasta el tercer piso estaban en muy mal estado. Ingrid no la dejaba subir arriba. Era una zona prohibida.
Ingrid salió al quicio de la puerta antes de que la niña apareciese.
-Candela, agárrate bien a la barandilla y pisa fuerte y con mucho cuidado. Estas escaleras se podrían romper, están podridas de la humedad.
-Si, Ingrid.
A cada paso que daba Candela, la madera crujía por debajo de ella. Era como caminar por encima de la cubierta de un barco.
Cuando por fin llegó a la puerta donde se encontraba su tía, Candela sonrío con aquella picaruela y bonita sonrisa que tenía.
-Ingrid. Aquí es dónde guardas tus tesoros y secretos?.
Tía Ingrid no pudo contener una carcajada.
-Pues sí, Candela. Ahora mismo estaba buscando algo que guarde hace tiempo y te quería enseñar.
-De verdad?.-exclamó Candela con una ilusión desorbitada.
-Sí. Ven. Dame la mano.
La entrada a la tercera planta era bastante siniestra si se puede catalogar de alguna manera.
Las paredes estaban cubiertas de humedades y ni siquiera estaban encaladas. La escena se advertía lúgubre y sin ningún encanto de entrada.
Pero poco a poco, Candela fue percibiendo una luz que penetraba por la puerta al fondo del pasillo.
Cuando llegaron a ella tía Ingrid la abrió lentamente para que no se venciera la puerta de cristal verde. Al abatirla por completo la habitación se lleno de una luz más dorada que el propio sol.
Candela quedó extasiada por completo.
Era como haber entrado en el éter. En un proceso espacio-tiempo similar a los agujeros de gusano interestelares. La analogía que existía entre el acto de penetrar en la oscuridad y aparecer en aquella luz era un símil de transmutación verdaderamente gráfico y de una plasticidad sincrónica pareja a la Teoría de Cuerdas. Pues todos los elementos que se encontraban en la habitación formaban un ente estético multidimensional que funcionaba con una idiosincrasia vibracional perfecta.
Las paredes estaban cubiertas de pequeñas porciones cuadrangulares de espejos diminutos. Colgando del techo habían bolas de cristal que filtraban la luz creando múltiples arcoiris que se superponían unos sobre otros.
La reverberación de luz era indescriptible.
En ese momento, Candela miró a su tía, y al hacerlo le pareció estar viendo a un ángel.
Tenía los ojos cerrados y respiraba lentamente en armonía con el escenario que las rodeaba.
Candela observó como la luz dibujaba un perfil alrededor del cuerpo de ambas, como si se tratase de sus propias auras.
Ingrid abrió los ojos pausadamente. Miró a Candela, y le dijo:
-Si alguna vez sientes miedo, Candela mía. Acuérdate que tras la oscuridad se encuentra la luz. Atravesarla es el camino que todos tenemos que hacer para liberarnos de nuestras incapacidades y limitaciones.
Hasta llegar a la luz, la que nos muestra nuestro verdadero ser.
Y en ella nada que no sea tu propia voluntad puede ejercer ningún tipo de poder. En ella siempre te sentirás protegida y bendecida.
Candela miró a su tía con una dulce expresión de comprensión.
Intuyendo que tras su incertidumbre y dudas se encontraba la respuesta sagrada.
-Ingrid, te vas a morir?.
Ingrid miró a su sobrina con un amor inmenso y le dijo:
-Nadie más valiente que tú podía haberme hecho esa pregunta, Candela.
No lo sé. Pero si así fuera piensa que lo importante no es morir si no ser consciente de ello.
Candela no terminaba de comprender.
-No entiendo Ingrid.-dijo Candela sonriendo a su tía mientras acariciaba "el anillo de la suerte" de ésta.
-Morir es el momento más importante en la vida de una persona, Candela. Llegar hasta ese punto requiere agradecimiento infinito y estar preparada para el gran cambio.
Candela seguía sin entender en gran parte a su tía pero escucharla la reconfortaba enormemente. Con ella jamás sentía miedo.
-Ingrid. Cuando uno cree que va a morir se siente bien?
-Candela, cuando uno siente que puede morir, de momento siente miedo. Porque es una situación desconocida y el miedo de por si, es un gran maestro, cariño. El miedo te enseña a saber observar la realidad y poder cambiarla. Es entonces en el momento que aceptas las situaciones sin oponerte a ellas. Cuando llegas a sentir una paz muy bonita dentro de ti que hace que entiendas que nada malo puede pasar, sea lo que sea.
-Ósea, Ingrid. Qué se te pasa el miedo?.
-Así es Candela. No pasa del todo, pero se hace muy pequeñito, y es cuando puedes ver cosas que no habías percibido antes o llegado a imaginar.
Como por ejemplo la gratitud infinita o la consciencia eterna minimizada en un granito de mostaza.
Dijo Ingrid esbozando una sonrisa resplandeciente a su sobrina.
Candela sonrió ampliamente y le dijo a su tía:
-Ingrid. Tú no morirás nunca. Porque tú eres un ángel. Y los ángeles siempre viven en los corazones por siempre.
Ingrid se emocionó al escuchar a su sobrina y la abrazó arropándola desde atrás entre sus brazos. Se quedaron quietas por un momento.
De pie, junto a la ventana.
Ambas formaban un ente casi escultórico similar a la Pietat Rondanini. Pues los contornos de ambas se veían desdibujados por el fulgor vívido e insultante de la habitación ajardinada.
La descripción de la pieza distaba de la original en la estatura de Candela y el hecho de no ser sujetada como "el hijo de Dios moribundo". Si no, más bien, como el renacimiento de Ingrid en la niña, asemejándose la tía a la Virgen María.
Maternidad y Resurreción.
Una concepción o transmutación de la materia en energía del alma.
Como diría Georg Simmel, filósofo neo-Kantiano varios siglos después de esta obra de Michelangelo Buonarroti:
"Ya no hay ninguna materia contra la que el alma tenga que defenderse. El cuerpo ha renunciado a la lucha por su propio valor, los fenómenos carecen de cuerpo"
Seis días después de comenzar esta obra, Miguel Ángel, murió.
Espero que os guste el blog, y el personaje de Candela y su situación. Superar un cáncer social. El ser mujer y verse desposeída de sus armas. Un canto épico al mundo femenino, al sexo y las fantasías. Desarrollándose en medio de la gestión convulsa de emociones, sentimientos, anhelos y frustración que experimenta en el proceso de superar la enfermedad. Aderezado siempre con grandes dosis de humor y exuberantes descripciones de su trazo más fiel.
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