-A dónde vas, Candela?.
-He quedado con Marlen en quince minutos.
Frank estaba sentado en el sofá viendo dibujos animados con Martín. Estaba cansado. Había viajado con el niño desde Londres para pasar una semana en Barcelona junto a Candela y ver a la madre de su hijo, Carlotta. Tal y como correspondía. Una vez al año. Ni más ni menos.
Lo que no se iba a imaginar de ningún modo era que Candela estuviera enferma.
Cáncer....
Qué se suponía que iba a pasar ahora?.
Qué debía hacer?
Qué iba a hacer?
La situación era complicada. Solo llevaban un par de años de relación Candela y él. Un par de años a caballo entre Barcelona y Londres. Entre el Barrio Gótico y Westminster.
La quería desde siempre. Se enamoró de ella siendo adolescentes. Entonces Candela era novieta de uno de sus mejores amigos.
Quince años después el destino los volvió a unir en un concierto de jazz en el Ronnie Scott´s Jazz Club. En el londinense barrio del Soho.
Exactamente en el 47 de Frith Street.
Fue el mismo día del 50 aniversario del local más famoso del Reino Unido y uno de los clubes de jazz mas antiguos del mundo.
El Ronnie Scott´s Jazz Club.
Llevaba abierto desde 1959. Para muchos, el único lugar de Europa que podía y puede compararse a los clubes de jazz americanos.
Candela adoraba el jazz. Desde pequeña lo había escuchado en casa de Ingrid.
Muchas noches, cuando se quedaba a dormir con su tía. Se marchaban a deambular por el Raval de Barcelona y terminaban cenando pincho de tortilla escuchando tocar a los músicos y bohemios en la Plaza Reial.
Su ubicación, a pocos metros del extremo izquierdo de la Rambla, a media altura, hacia el este. La convertían en un punto muy cómodo a la hora de bajar del metro desde Passeig de Gràcia.
Era y es una plaza de forma rectangular que servía de punto de encuentro y de descanso para mucha gente, por lo céntrico de su localización y por su popularidad.
En el centro de ella se sitúa la llamada fuente de Las Tres Gracias, dónde muchos se tomaban un descanso después de una buena caminata diurna o calentaban motores para una buena jarana en los clubes y bares aledaños.
Su decoración tropical, con palmeras de verdad, conferían al lugar una entidad de Oasis en medio de la gran y multicultural ciudad Condal. Trasladándonos históricamente a una ciudad colonial de Cuba o Colombia. Quizás por eso está hermanada con la Plaza de Garibaldi de Ciudad de México.
A Candela y a Ingrid les gustaba sentarse en el suelo, a los pies de "las farolas marcianas". Uno de los primeros encargos del Ayuntamiento de Barcelona a Gaudí.
Candela desde muy niña se había sentido libre, bohemía, soñadora. Eterna.
La música la secuestraba de sus anhelos de ser niña para convertirla en deseos de levitar, irrumpir en la voz de Nina Simone o Dexter Gordon ó enredarse en los acordes de Stan Getz y Miles Davis.
Músicos que más tarde llegó a conocer en el Ronnie Scott´s.
El año que marcó y marcaría su vida para siempre fue el año en el que murieron Stan Getz y Miles Davis. Ambos en el 1991.
La noche en la que volvió a encontrarse con Frank, quince años después, fue la noche en la que Candela celebraba a ritmo de Ann Hampton Callaway, el 3er aniversario de la muerte de su madre.
Quim.
Sonaba....At Last de la mano de la BBJT.
Candela se sentía inmersa en la perruna trompeta de Dan Posen cuando comenzó a sonar el contrabajo de Nono Fernández, fue entonces cuando se giró para dirigirse a la barra a por un ron con cola y hierbabuena.
Dándole un suave trago a su copa, deleitándose de la batería de Pau Bombardó, y allí estaba el joven de sonrisa eterna.
Allí estaba Frank.
El joven que la había estado amando secretamente cuando ella tan solo tenía 17 o 18 años.
No había cambiado nada. Mentira. Era aún más guapo.
Sintió que lo había amado siempre.
Sintió como el saxo tenor de Gabriel Amargant se filtraba como un esqueje por todas las arterias y venas de su cuerpo hasta llegar a formar la nota dulce, cálida y morena que combinaba con el sabor de sus labios.
Ron, hierbabuena fresca, adolescencia e inocencia cristalizada en la guitarra de Jordi Riera.
Se deslizó hacia el con swing en los pies y sonrisa de veinteañera con ganas de revancha después de los años perdidos.
Frank estaba perplejo ante la presencia de Candela.
Era un espejismo que jamás logró alcanzar ni en sus sueños más húmedos.
No pudo evitar sentir emoción y un ligero cosquilleo en la entrepierna. La sentía suya.
Era su momento.
Candela se abalanzó encima de él, colgándose de su cuello y al ritmo de Comes Love giraron por una eternidad. El uno y el otro, envueltos en un firme abrazo.
La vida era un tiovivo.
La vida era la hermana que no habla de su nombre secreto ahora mismo pero rompe las normas para nunca volver.
Candela y Frank encontraron el camino hacia el pasado y bebieron azúcar el uno del otro. Dándose la vida, yendo y viniendo. Nunca a través de sus gafas se fijaron de que a su alrededor la realidad entendía de otras ciudades. Ellos vivían en campos de algodón y finales consecutivos....
Ella lo sabía.
-Candela...-dijo Frank ensimismado ante el aura perfumada que dibujaba la situación.
-Sí...
La última vez que pronunciaste mi nombre la historia cambió de rumbo. Una y otra vez.-dijo Candela exultante de rabiosa alegría sensual.
-Amor..-repuso Frank.
La música paró y Candela dejó de soñar para vivir el pasado dinamitado. Para unirse a su madre, a su hermano y padre. A su huella imprecisa y ligera en el lapso de tiempo en el que decidió inundar el mundo de una estela vivaz y creativa. El mundo que conformaba su vida tras dejar atrás todo lo que no pudo ser.
Ella era una mariposa. Siempre había necesitado volar y ahora se posaba en la morena y cálida piel del confidente de sus deseos precoces.
El mismo que dejó años atrás a sabiendas de que no cambiaría jamás. El mismo que no fue certero a la hora de ir a por ella y atraparla como ahora ella se dejaba atrapar.
El solo necesitaba el sueño. Ella la vigilia
- Candela? Preguntó Frank.
Volverás pronto? Quizás lleve a Martín a casa de mi madre.
Te parece bien? Así estamos más tranquilos.
Candela miró hacia la puerta entreabierta de la habitación...la cama estaba deshecha. La idea de pasar la noche sola hacia de si misma una herida profunda en su mente. Sabiendo que aquello no era un acto si no una intención que llegaba al atardecer de sus días.
Ella sabía.
-De acuerdo, Frank.
Mañana iré a hacerme la resonancia. Te llamaré cuando estén los resultados.-Candela sonrió sin muchas ganas y se despidió silenciosa.
Encaminó sus pasos hacía Quatre Gats. Lo que no sabía es que le esperaban cinco sillas.
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