jueves, 21 de agosto de 2014

EL CLIENTE SIEMPRE TIENE LA RAZÓN.

Está usted hablando con el Buffet de Abogados, Vasari-Lex. Deje su mensaje después de escuchar la señal y nos pondremos en contacto con usted lo antes posible. Gracias.

-Soy Frank. Está preparada. A las 16.30 estaré en  La Diagonal cruce con Paseo de Gracia, a la altura de Calle Córcega....El número de siempre.

El despacho estaba vacío. Ni siquiera Bibiana, la recepcionista estaba en su puesto. 
Eran las 16.15 y el despacho cobraba vida a las 16.30 en horario de tarde hasta las 19.00.

La puerta se abrió de golpe y apareció Carlotta. Soltó el blazer que llevaba sobre el brazo y el bolso encima del cuatro plazas de la sala de espera principal. Corriendo se abalanzó sobre el teléfono del puesto más próximo.

Descolgó y guardo a la espera de escuchar la bandeja de entrada del contestador.
Ahí estaba. Era él. Frank. No se había olvidado. Como cada 19 de Junio estaba esperándola.

Estaba sudando. Había venido corriendo desde la esquina más cercana al despacho en la que la dejó el taxi. 
Estaba nerviosa. Le temblaban las manos. Cogió un vaso de plástico del dispensador de agua para calmar la sed. Lo agarró con tanta fuerza que el agua se derramó por ambos lados mojándole los tacones de piel de ante que llevaba.

Intentó beber de todos modos. Eran sorbos desesperados, en los que apenas cabía una débil deglución.
Se derramó gran parte del vaso por encima al intentar que el flujo de agua fuese mayor.
Al borde de la desesperación y con las lágrimas brotando de los ojos. Se agarró la cabeza con ambas manos y empezó a llorar.

No podía hacerlo. No quería hacerlo.
Otra vez, no.

Se odiaba por ello. 
Pero era el precio que le tocaba pagar.

Se metió en el baño se secó los ojos con cuidado de no extender el rímel que le cercaba el párpado inferior.
Respiró con la boca cerrada. Comprimiendo el aire en los pulmones todo lo que pudo y lo expulsó con fuerza en varios tiempos.

Se atusó el cabello con ambas manos y salió del despacho resuelta recogiendo el blazer y el bolso de ante marrón que había dejado en la entrada.

Una vez en la calle hizo un gesto propio de la necesidad de desplazamiento previo pago.
Al momento un taxi se paró. 
Carlotta era una mujer extremadamente atractiva.
Era morena, con el pelo largo, ondulado. Le llegaba por la cintura.
Su rostro era anguloso y sus facciones algo duras.
Sus ojos eran rasgados como los de las águilas y sus labios afilados.

Era alta y estilizada. Tenía el pecho bien formado aunque no muy grande.
Y sus maneras eran las propias de una mujer fuerte y decidida.

Subió al taxi rápidamente y dijo:

-Buenas tardes.
 Por favor, si es tan amable a la Calle Córcega nº 89.

El taxista procedió a llevarla sin más.

Llegaba tarde pero no le iba a llamar.
Al fin y al cabo, él sabía que esto era una excepción y no cabía la opción de aplazar el plan.

El taxi se detuvo y Carlotta miró a través de sus gafas de sol negras.
No le veía.

Pagó la carrera y salió del taxi colocándose bien la falda de tubo color hueso.
Se ubicó en mitad de la calle sin atisbo de él por ningún sitio.

Su teléfono sonó.....

Sí, dígame.-respondió Carlotta contenida y seria.

-Estoy en Los Jardines de Salvador Espriu, frente al Hostal Casa de Gracia.

De acuerdo.-Carlotta colgó y fue en busca de su interlocutor.

Su respiración era cada vez más densa. Le costaba respirar. Por momentos la vista se le nublaba.

Lo veía.
Estaba igual.

Vestía con un cardigan azul marino y una camisa blanca debajo. Llevaba unos vaqueros desgastados y una botas de piel marrón.
Tenía el pelo oscuro, lo llevaba corto. Rapado al dos.

Sonrío levemente al divisarla.

Hacía un año que no se veían y hoy estaban de celebración.
Martín cumplía seis años y Frank venía a traérselo una hora.
Ese era el trato. Ni más ni menos.
Lo pactaron así el día que Carlotta los dejó a los dos en pleno Picadilly Circus, a la altura de Leicester Square. Bajo la estatua de Charles Chaplin.

Ese era el trato. Y esas las cordenadas. Dirección-esquina-con. Una hora.

Cara a cara Frank saludó a Carlotta con las manos en los bolsillos.

Hola, Carlotta. Martín está en el hostal leyendo un tebeo. En la 203. Una hora. Hasta luego.-dijo Frank sin darle tiempo a responder.

De acuerdo.-repitió una vez más Carlotta.

La 203 era la dirección de la casa en la que vivieron juntos en Londres antes de que ella conociera a Álex.






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