Era atlética, no muy alta. Llevaba el pelo corto, de color castaño oscuro. Como se suele decir, "a lo garçon".
Sus ojos eran de color miel, se deshacían con solo mirarlos. No tenían profundidad.
Eran como una factura de óleo recién trazada con la linaza bailando sobre el gesto. Su boca se mantenía en una mueca ligeramente pronunciada, como si constantemente quisiera lanzar besos al aire.
Su figura era proporcionada, realmente exuberante dentro de su talla. Tenía el pecho voluminoso pero compacto. Y unas cadera perfectamente redondeadas. Aparentaba unos 32 años.
Se acercó a la entrada de la bocacalle, justo saliendo de "La Tacita", en la que ya estaban cerrando e invitando a la gente a salir con vasos de plástico y continuar la jarana de camino a la playa.
A esas hora las calles de Puerto de Santa María huelen a sal y a chocolate.
La sal que lleva en los labios Martina tras besar olas todo el día, y el chocolate que se funde al calor de sus dedos, amasando una china de costo mientras se prepara un canuto.
Mientras sujeta en sus labios un fino papel de arroz, sin bajar la mirada, observando a esa muchacha fina y elegante con modales de ciudad deambulando por la calle. Es de talle delgado, pecho menudo, hombros huesudos, y caderas poco definidas y rectas.De apariencia sutil en la noche, asemejándose a un susurro proveniente de las olas del puerto.
Vestía una camisola blanca anudada a la cintura con un cordón trenzado de colores. Llevaba el pelo recogido en una coleta alta y despeinada con sumo cuidado. En la noche el color de su pelo se adivinaba castaño claro. Tostado, como su piel. Debía tener no más de 25 de años.
En ese momento Martina, con la ligereza que se desplazan las panteras; se decidió, y comenzó a caminar hacia a la muchacha.
Qué hace un ola fuera del Mar?-le pregunta Martina sugerentemente.
La muchacha, sorprendida y sin parar de reír, entre la timidez y la sorpresa de la pregunta de Martina que en estos momentos coloca el costo desecho con la mezcla de tabaco y con mirada pícara le pasa la lengua sin dejar de mirarla. Responde:
Las olas salen fuera del Puerto?-responde evadiendo la mirada licuada de Martina, dirigiéndose hacia la playa de Santa Catalina.
Eres de aquí?-pregunta Martina. A sabiendas que no es así.
No me he escapado unos días. Soy de Bcn.-responde la muchacha.
Así que eres catalana?-responde Martina, dándole un repaso al porro de arriba a abajo al mismo tiempo que define con la pupila las formas de la muchacha.
No exactamente. Hace 15 años que vivo en Barcelona pero en realidad soy de Alemania.-responde la muchacha agachándose ligeramente para abrir la maleta y sacar un folio.
Verás. No encuentro el Hostal La Pineta. Llevo dos horas dando vueltas y ...creo que la dirección está equivocada. Sabes si está cerca? Eres de aquí?-pregunta la muchacha mientras le muestra el plano a Martina.
No, no soy de aquí Sirenita. Pero te puedo ayudar a buscarlo. Quieres que te acompañe?-pregunta Martina.
Si no es molestia?-responde la muchacha sonriendo.
Desde luego que no. Quieres una calada?- pregunta Martina acercándole el porro.
No, gracias. No fumo.-se agacha nuevamente para sacar una botella de la maleta.
Quieres agua?-pregunta la muchacha amablemente.
No, gracias. No bebo agua.-responde Martina con mirada lenta e irónica.
Sabes...?-dice Martina parándose en medio de la calle y soltando una bocanada de humo a contracorriente.
Tengo una habitación no muy lejos de aquí.
En la Casa-Palacio de los Varela.-en ese momento Martina da un paso hacia adelante y se para frente a la muchacha.
Si quieres. Podríamos pasar la noche juntas.-le dice mirándola de soslayo mientras aviva el porro soplando la ceniza.
Pero?...intenta preguntar la muchacha. Sin saber bien lo que decir.
Pero.....?...Es uno de los muchos Palacios que hay aquí en Puerto de Santa María. Pero...
Te aseguro que es el único que tiene "La habitación azul"-responde Martina inquiriendo a la muchacha con la mirada. Mostrando un taimado conocimiento del lugar y un aire de misterio propio de una seductora como ella.
La habitación azul?...-pregunta la muchacha con expresión de desconocimiento total.
Sí, la habitación azul.-responde Martina cogiéndole la maleta.
La habitación donde Picasso pintó la obra que lleva su nombre.-concluyó satisfecha mientras se disponía nuevamente a proseguir la marcha.
Pero no se ni como te llamas.-respondió la muchacha elevando la voz y siguiendo a Martina y a su maleta en poder de ésta.
Martina.-respondió la hija menor de los Condes de Varela. Mientras seguía caminando, dejando tras de sí el rastro de una nube azul aderezada de bohemia y vana altivez.
Yo....!-gritó la muchacha acelerando el paso.
En ese momento, Martina se paró, tiró lo que ya era la tacha del porro al suelo, y la pisó con fuerza mientras miraba a la muchacha fíjamente.
Yo, me llamo Marlen.-respondía tímidamente la danesa agachando la cabeza ligeramente, intentado mantener la mirada de Martina.
Lo sé- respondió Martina.
Te estaba esperando......
No hay comentarios:
Publicar un comentario