martes, 19 de agosto de 2014

EL SHOW DE DODO.


Después de arrancar un gran y último aplauso. Dió un largo sorbo a su Gin tónic apurando el culito que le quedaba y despidiéndose del público de esa noche.




Estaba cansado. No había dormido apenas la noche anterior doblando la guardia de un compañero en la fábrica de cosméticos en la que trabajaba a 34 km de Londres. En Whatford.

En el Club Eleven sacaba algo para rematar el alquiler mensual del estudio en el que vivía con su chica, y le sobraba un piquito para trapichear con algo de coca en el Club londinense donde arrancaba acordes mestizos de jazz.


Era de origen puertorriqueño. Se había criado en Nueva Orleans hasta los 7 años con su tía Yetsibet. La cual había trabajado en el Casino del Hotel Flamingo como camarera para el capo de la mafia Meyer Lansky.
 

Eran años difíciles para Yetsibet. Pues andaba intentando despuntar en el mundo del jazz de la mano del chulo que la llevaba, Corner Crawn. En los locales nocturnos, como los Honky Tonks y Barrelhouses, donde ella cantaba y el pianista o la orquesta de turno tocaban siempre para que el público bailara.
Dodo pasó a ser adoptado por una familia italiana, amiga de Meyer. Hasta que tuvo 18 años.

Y años más tarde, se afincó en el número 90 de Wardour Street, cerca del Marquee Club y más tarde en el 6 de Denmark Street, donde vivieron los Sex Pistols e incluso grabaron sus primeras maquetas.


Llevaba años intentado terminar la carrera de telecomunicaciones. Tenía 27 años y se había quedado anclado en West End. Exactamente en el barrio del Soho.
Siendo una de las mejores zonas de Londres para salir a tomar copas, y cerrándose los fines de semana al tráfico por la gran afluencia multicultural que por allí se gestaba albergando también la escena gay.
Hasta hace poco, esta zona había sido famosa por sus sex-shops, pero a partir de los años 80 se llevó a cabo una transformación y en la actualidad se caracterizaba sobre todo por sus restaurantes de gran categoría y sus oficinas periodísticas, aunque aún existían algunos espectáculos sexys.


Para mediados del siglo XIX todas las familias respetables se habían mudado a otros barrios más de moda y comenzaron a llegar al Soho las prostitutas, los “music halls”, los pequeños teatros y los restaurantes,convirtiéndose en la zona favorita de escritores, artistas e intelectuales, de los que se decía que pasaban demasiadas noches borrachos como para hacerse famosos.

Esto mismo le pasaba a Dodo.
Era demasiado excesivo en todo. La creatividad que rezumaba era tal que tenía que doblegarla, aletargarla. Domarla. La sometía a su voluntad colocándose y la acunaba  como la fiebre solitaria que en realidad vivía.

Siempre se había sentido solo.

De camino a casa vió como llegaba.

Dejando la bici en el jardín de la entrada y cogiendo la bolsa de papel marrón con la cena que le había pedido que fuera a buscar a Chinatown.

Sonriendo se dirigió hacia él.

Hola, Taps.-dijo ella besándole en los labios.

Ella le conocía como Taps, por el músico de jazz Taps Miller. 

Hola Canelita.-respondió él cogiéndola por la cintura. Estrechándola.

La llamaba así en honor a Rogelia Medina. La sonera del caribe y gran imitadora de Celia Cruz.

Su piel era aterciopelada y su voz cálida como la canela...Parecía latina pero en realidad era alemana.
De Wuppertal del estado de Renania del Norte, en Westfalia.

Pero en realidad se llamaba.....

 Marlen.

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