martes, 26 de agosto de 2014

A PENNY LE FALTABA UNA PIERNA.

-Tin, otra vez!.-exclamó la Condesa de Varela.

-Qué hace Penny tan sucia en medio del pasillo?. Qué te ha hecho esta vez?.-preguntó la Condesa a su hija.

Tin tenía una rabieta de mil demonios. Era incapaz de responder.
Su mirada estaba fija en Penny. Podía traspasarla, se percibía el odio que hacia ella sentía.

Su madre volvió a incoharla.

-Tin. 
-Tin! Mírame cuando te hablo. Soy tu madre.-insistió la Condesa.
-Si no me respondes te castigaré por desobediente y maleducada.
Me estás oyendo, Tin?

Tin miró a su madre fijamente y le preguntó:

-Por qué a Penny le falta una pierna mamá?

La Condesa de Varela miró hacia el suelo donde se encontraba postrada la muñeca andrajosa y sucia de la niña.

Tin, no le falta nada cariño. Está entera.

No es verdad!.-respondió Tin enérgica y rotundamente.

Esta vez si se abalanzó sobre Penny y la zarandeó por una pierna hasta que dejó a la pobre muñeca algo más maltrecha si cabe.

La Condesa la asió por un brazo y levantándola del suelo le dijo:

-Está bien, Tin. Sabes que haremos?. 
Ahora mismo subirás a tu cuarto y limpiarás a Penny. Está muy feo que la trates así. Las niñas cuidan a sus muñecas y se comportan como señoritas. 
No saldrás hasta a la hora de la merienda.-concluyó la Condesa De Varela indicando a su hija la dirección a tomar con el dedo índice.


Tin subió las escaleras con la cabeza gacha mientras arrastraba a Penny peldaño a peldaño.

Cuando llegó a la habitación se sentó al borde de la cama y tiró a Penny al suelo con impotencia.

Suspiró.

Por qué tenía que cargar con aquella estúpida muñeca?. Por qué su madre no respondía nunca a sus preguntas? Por qué Penny tenía esa expresión anodina? Por qué su madre la obligaba a ser como no quería ser?.

Tin era una niña introvertida y muy seria. Tenía 5 años y hacía menos de uno que había comenzado a estudiar en el Colegio La Spina. 

No se llevaba bien con sus compañeros. No por nada en especial. No le atraía la idea de estar con otros niños.
Sus comportamientos le parecían algo infantiles para su precoz edad.

Las niñas eran muy descafeinadas y banales. Como le gustaba a mamá. Y los niños poco interesantes e impulsivos. Los podía manipular de cualquier forma. Cosa que no le resultaba nada atractivo ya que la aburría soberanamente.

Era delgadita con el pelo muy negro y normalmente peinado en una larga trenza sin flequillo. Tenía los ojos grandes de color miel y la nariz chata.
Su tez era bastante blanca. Lucía ojeras pronunciadas .

Era bonita pero su expresión era lánguida y pálida. 

Frente a la cama estaba el escritorio. Sobre él había un espejo y al lado un cuadro con un arlequín al que le caía una lágrima.

Tin miró al Arlequín y se observó en el espejo. 
Se daba cuenta de su temprana tristeza. De su ahogo existencial.

De repente saltó de la cama de un brinco y abrió los cajones del escritorio.
Revolvió bien el contenido de los mismos. Trataba de encontrar algo para ponerle remedio al aspecto de Penny.

Lo encontró. 

Allí estaban las tijeras de punta roma que su madre le compró para realizar las manualidades de la escuela.

Tin se esforzó. Sabía que no sería fácil con aquellas obtusas tijeras.

Había pasado una hora cuando Penny pasó a convertirse en una muñeca algo más liviana y desenfadada.
Sus antes bucles enredados y pajizos se transformaron en una superficie irregular y punzante.
Le había cortado o mejor dicho recortado la zona más angosta a la planta de los pies. 

La expresión de Penny era de desahogo. Tin podía intuir como la muñeca se lo agradecía.

La cogió y se miró en el espejo junto a ella. 

Su aspecto era tan funesto. Aquella trenza...
Y todo el pelo hacia atrás. Quién era realmente? 
Era horrorosa. No se gustaba en absoluto.

Así que siguiendo los dictados de su corazón, una vez más, procedió a darle forma a su identidad de señorita, como diría su madre.

Ya le quedaba poco para terminar cuando picaron a la puerta.

Estoy castigada.-respondió Tin mientras seguía concentrada en su ir y venir con la pequeña tijera.

No tenía miedo. Ni siquiera las represalias de su madre la frenaban a la hora de que esa puerta se abriera.

Alzaba los mechones en el aire y juntando los deditos, los apretaba hasta que las hojas de la tijera se cruzaban y se escuchaba el sonido de..
..Zas....

La puerta se entreabrió tímidamente.

Alguien observaba a Tin. 

Tin miró al Arlequín y le dijo:

No llores más. Pronto nos iremos de aquí. Te lo prometo.

Volvió a mirarse al espejo y se dió cuenta de que tras ella estaba él con la puerta entornada.

Era muy delgado. Rubio con el pelo largo como hacía unas horas lo tenía Penny. Sus ojos era marrones, tenía las pestañas larguísimas y los labios muy bien dibujados. 
Tenía ojeras, como ella.

Él no hizo nada. Siguió observando como Tin se cortaba el poco pelo que le quedaba.


Tin lo ignoró y prosiguió hasta terminar.

Dejó las tijeras sobre el escritorio y cogió a Penny. Miró al niño afeminado y comenzó a besar a Penny en los labios.

Él no se movía solo la miraba.

Tin soltó a Penny y se dirigió hacia él.
Sin quitarle un ojo de encima buscó con su mano la entrepierna del niño y la apretó.

De repente se escuchó la voz de la Condesa de Varela:

-Antonella, dígale a Tin que ya puede salir de su cuarto. Le levanto el castigo para que pueda conocer a su nuevo hermano.

Era un día especial y con cierta tensión ambiental. Llegaba el niño que enviaba el Sr. Lansky desde New Orleans a la familia Varela para componer el trío primogénito.

La condesa tenía dos hijos.
A Tin y a Auri.

-Llámelo antes para que podamos hacer la presentación oficial.-repusó la Condesa De Varela.

La gobernanta fue hasta a la habitación en la que minutos antes instaló al niño recién llegado pero éste no estaba.

Lo lamento Sra. Condesa. No está. Hace un momento que lo acompañe a su nueva habitación.-respondió la Sra. Antonella con crispación.

Mientras lo buscaban el niño cogió la mano de Tin y la llevó con él hasta a la cama. Al borde de ella estaba Penny. 
La cogió entre sus manos y la abrazó con los ojos cerrados.

Cuando los abrió Tin lo observaba sin parpadear.

Me llamo Dodo.-dijo su nuevo hermano y amigo de Penny.

Tin sonrió y le dijo:

Yo, Tin.
Ni Mar. Ni Tina. Ni Martina.
Tin.-afianzó con el tono de voz la pequeña de los Varela.

Dodo le acarició la mejilla con el dorso de la mano y le devolvió a Penny.

Tin suspiró con ilusión y le dijo:

Tienes la pierna que le falta a Penny.

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